Relación entre la atopía y el queratocono: estudio de factores y mecanismos involucrados
Ariana Nicole Sari Yánez
Saimara María Mendoza Rodriguez
Volumen: 18
Número: 1
Año: 2026
Recepción: 17/09/2025
Aprobado: 31/12/2025
Artículo original
Introducción
El queratocono es una enfermedad corneal progresiva caracterizada por el
adelgazamiento y la deformación cónica de la córnea, lo que provoca astigmatismo
irregular y deterioro progresivo de la agudeza visual, suele manifestarse durante la
pubertad y progresar hasta la tercera o cuarta década de la vida. Su prevalencia es
variable, con una incidencia aproximada de 1 por cada 2000 habitantes con mayor
frecuencia en poblaciones jóvenes de Oriente Medio y Asia. En Ecuador, se ha
reportado una prevalencia más alta en individuos menores de 20 años, con predominio
masculino (Pacheco Faican, 2023; Maldonado-Vera et al., 2024).
La atopía se define como una predisposición genética a producir inmunoglobulina E
frente a alérgenos ambientales y se manifiesta clínicamente como asma, dermatitis
atópica y conjuntivitis alérgica. Esta condición parece desempeñar un papel importante
en la fisiopatología del queratocono, particularmente a través de la inflamación
persistente (Yang et al., 2022). Los pacientes con queratocono presentan con
frecuencia antecedentes de alergias oculares, como la queratoconjuntivitis atópica y la
queratoconjuntivitis primaveral, estas entidades se asocian con síntomas intensos como
prurito, fotofobia y secreción mucosa, además de daño estructural corneal cuando no se
manejan adecuadamente. El prurito induce al frotamiento ocular repetido, que, en
conjunto con la inflamación crónica, contribuye al debilitamiento corneal y a la
progresión del queratocono (Yang et al., 2022; Villegas & Benítez-del-Castillo, 2021).
Asimismo, la etiología del queratocono se reconoce actualmente como multifactorial,
con una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales, se han
identificado variantes genéticas relacionadas con la integridad de la matriz de colágeno
corneal, así como asociaciones con condiciones sistémicas como el síndrome de Down
y enfermedades del tejido conectivo (Maldonado-Vera et al., 2024; Unni & Lee, 2023).
Desde el punto de vista clínico, la detección temprana mediante herramientas
diagnósticas como la topografía y tomografía corneal, son fundamentales para
identificar la enfermedad en fases iniciales permitiendo instaurar intervenciones
oportunas que pueden frenar su progresión (Maldonado-Vera et al., 2024; Cazorla
Vinueza & Estrella Obregón, 2024).
El impacto del queratocono en la calidad de vida es considerable, ya que la pérdida
visual progresiva afecta el desempeño académico, laboral y social de los pacientes. Por
ello, las estrategias terapéuticas deben contemplar tanto el tratamiento médico-
quirúrgico como el apoyo psicosocial (Fan et al., 2024).
Entre las principales complicaciones del queratocono se incluyen la progresión
acelerada de la ectasia, cicatrices corneales, hidrops agudo por ruptura de la membrana
de Descemet y la eventual necesidad de procedimientos quirúrgicos complejos como la
queratoplastia. La detección precoz y la intervención oportuna permiten aplicar
tratamientos conservadores, como el crosslinking corneal o el uso de lentes de contacto
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