Programación Neurolingüística para la identificación de afectaciones volitivas y cognitivas en los  
procesos de mediación  
Jhuleidy Delia Alulima Guamán  
Edgar Santiago Morales Morales  
Volumen: 18  
Número: 1  
Año: 2026  
Recepción: 16/09/2025  
Aprobado: 01/12/2025  
Artículo original  
Programación Neurolingüística para la identificación de afectaciones volitivas y  
cognitivas en los procesos de mediación  
Neurolinguistic Programming for the identification of volitional and cognitive  
impairtments in mediation processes  
Resumen  
La mediación en Ecuador, cuyos acuerdos tienen efecto de sentencia ejecutoriada,  
exige un consentimiento libre e informado. Este artículo tiene como objetivo analizar la  
aplicabilidad de las distintas técnicas de la Programación Neurolingüística como  
herramienta para que el mediador pueda identificar afectaciones volitivas y cognitivas  
que vician dicho consentimiento. Mediante una metodología cualitativa de tipo  
exploratorio y analítico, se examina el marco legal y se contrasta la teoría y las técnicas  
de la Programación Neurolingüística con el estudio de casos hipotéticos. Se concluye  
que técnicas específicas como la calibración, el metamodelo del lenguaje, entre otras,  
utilizadas de forma ética, permiten al mediador detectar indicadores de coerción o  
confusión. Su correcta aplicación no busca diagnosticar, sino proteger la validez del  
proceso, al transformar al mediador en un garante activo de la autonomía de la voluntad  
y asegurar que los acuerdos sean sostenibles y jurídicamente robustos.  
Palabras clave: programación neurolingüística, mediación, afectaciones volitivas y  
cognitivas, principio de voluntariedad, mediador.  
Abstract  
Mediation in Ecuador, whose agreements have the effect of an enforceable judgment,  
requires free and informed consent. This article analyzes the applicability of different  
Neuro-Linguistic Programming (NLP) techniques as a tool for mediators to identify  
volitional and cognitive impairments that vitiate such consent. Using an exploratory and  
analytical qualitative methodology, the legal framework is examined and NLP theory and  
techniques are contrasted with the study of hypothetical cases. It is concluded that  
specific techniques such as calibration and the language metamodel, among others,  
used ethically, allow the mediator to detect indicators of coercion or confusion. Their  
correct application does not seek to diagnose, but rather to protect the validity of the  
process, transforming the mediator into an active guarantor of the autonomy of will and  
ensuring that agreements are sustainable and legally robust.  
1
Abogada. Estudiante de la Maestría en Mediación, Arbitraje y Solución de Conflictos. Universidad Indoamérica.  
Ecuador.  
2
Máster en Mediación y Arbitraje. Abogado de los Tribunales del Ecuador. Pontificia Universidad Católica del  
Ecuador. Ecuador.  
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Programación Neurolingüística para la identificación de afectaciones volitivas y cognitivas en los  
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Volumen: 18  
Número: 1  
Año: 2026  
Recepción: 16/09/2025  
Aprobado: 01/12/2025  
Artículo original  
Key words: Neuro-linguistic programming, mediation, volitional impairments, cognitive  
impairments, principle of voluntariness, mediator.  
Introducción  
La mediación, medio alternativo de solución de conflictos, se ha consolidado en el  
ordenamiento jurídico ecuatoriano como el medio idóneo de acceso a la justicia, este  
proceso que inició como una alternativa, hoy en día es el predilecto de las personas que  
buscan solucionar sus conflictos de manera eficaz y rápida en comparación del proceso  
judicial. Además, en él prima la autonomía de la voluntad de las partes, los acuerdos  
son construidos por estas. La Ley de arbitraje y mediación (2006) en su artículo  
cuarenta y siete nos señala que el acta de acuerdo total tiene un carácter de sentencia  
ejecutoriada y cosa juzgada. Sin embargo, esta misma fuerza legal revela su mayor  
vulnerabilidad, su legitimidad reposa íntegramente sobre la calidad de consentimiento  
otorgado por los mediados.  
El principio de voluntariedad, base del procedimiento, presupone no solo la ausencia de  
coerción externa, sino también la presencia de una capacidad tanto cognitiva como  
volitiva interna suficiente para comprender, procesar y finalmente consentir de manera  
libre e informada. Por ello, la autenticidad del consentimiento se convierte en el eje que  
otorga validez a la mediación y garantiza su eficacia jurídica.  
En este contexto, surge una problemática jurídica recurrente en la praxis de la  
mediación: el mediador, concebido como un facilitador neutral del diálogo, se enfrenta a  
un vacío instrumental y metodológico cuando existen indicios sutiles de que la  
capacidad de una de las partes puede estar comprometida. La ley le exige garantizar un  
proceso equitativo, pero no le proporciona herramientas específicas para detectar  
señales de alerta de una voluntad viciada por factores como el desequilibrio de poder, la  
dependencia emocional, el estrés agudo o un incipiente deterioro cognitivo. Un acuerdo  
alcanzado bajo estas condiciones no solo es éticamente cuestionable, sino  
jurídicamente nulo, lo que socava la seguridad jurídica y la confianza en el sistema.  
A partir de esta constatación, la mediación contemporánea se enfrenta al desafío de  
reinventarse frente a nuevas realidades sociales y psicológicas. En la actualidad, el  
incremento de conflictos mediados en contextos de alta presión emocional, crisis  
postpandémicas, entornos laborales competitivos y disputas familiares atravesadas por  
la salud mental, ha visibilizado la urgencia de dotar al mediador de competencias  
interdisciplinarias. De esta manera, la mediación deja de concebirse únicamente como  
una técnica jurídica o comunicacional y se transforma en un espacio de interacción  
complejo donde confluyen la psicología, la ética y las neurociencias aplicadas.  
Esta evolución responde también a un fenómeno global, la transición hacia una “justicia  
cognitiva”, donde la comprensión del cerebro humano y sus procesos se erige como un  
nuevo parámetro para evaluar la validez del consentimiento y la autenticidad del  
acuerdo. En este marco, la figura del mediador evoluciona desde un mero facilitador  
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Programación Neurolingüística para la identificación de afectaciones volitivas y cognitivas en los  
procesos de mediación  
Jhuleidy Delia Alulima Guamán  
Edgar Santiago Morales Morales  
Volumen: 18  
Número: 1  
Año: 2026  
Recepción: 16/09/2025  
Aprobado: 01/12/2025  
Artículo original  
hacia un observador entrenado en reconocer afectaciones volitivas y cognitivas, con el  
fin de preservar la integridad del proceso.  
Esta brecha suscita la justificación para la presente investigación, propone una  
exploración innovadora y crítica en un territorio hasta ahora poco explorado por la  
ciencia jurídica, la Programación Neurolingüística (PNL). Conscientes del vigoroso  
debate académico sobre su rigor científico, este artículo no busca una validación de la  
PNL como teoría psicológica, sino que plantea un objetivo distinto y pragmático,  
deconstruir su corpus de técnicas de comunicación para determinar si es posible extraer  
y adaptar un conjunto de herramientas de observación y análisis del lenguaje que  
resulten funcionales para el quehacer del mediador. En este sentido, se propone la PNL  
como un puente operativo entre el derecho y las neurociencias, capaz de ofrecer al  
mediador un marco empírico para identificar patrones lingüísticos, conductuales o  
gestuales que anticipen posibles vicios del consentimiento antes de la suscripción del  
acuerdo.  
El enfoque es estrictamente jurídico, utilizar la agudeza perceptiva no para  
"diagnosticar" a una persona, sino para "identificar" señales de riesgo que activen los  
protocolos de cuidado que el propio derecho contempla con el fin de robustecer la  
integridad del proceso y la calidad de los acuerdos. De este modo, la mediación se  
redefine como un espacio donde la ciencia del lenguaje, la ética y la PNL convergen, lo  
que genera un modelo de justicia más humana, preventiva y consciente de los factores  
mentales que influyen en la toma de decisiones.  
En virtud de lo expuesto, la investigación se guía por la siguiente pregunta central:  
¿Cómo puede la programación neurolingüística ayudar al mediador a identificar señales  
de afectaciones volitivas y cognitivas temporales, y así coadyuvar a la salvaguarda de la  
autonomía de la voluntad en los procesos de mediación? Para responder a esta  
interrogante, se ha planteado como objetivo general analizar la aplicabilidad y utilidad  
de las técnicas de la PNL como herramientas complementarias para que los  
mediadores puedan identificar indicadores de posibles afectaciones volitivas y  
cognitivas en las partes durante los procesos de mediación, con el fin de promover  
decisiones más conscientes, libres e informadas.  
Para alcanzar este fin se procederá a identificar las técnicas de PNL pertinentes, se  
analizará su correlación teórica con las referidas afectaciones y se discutirá la  
integración ética y práctica de estas herramientas en la mediación. Asimismo, se  
planteará una reflexión crítica sobre las implicaciones jurídicas y éticas de su uso, así  
como sobre la necesidad de formación continua de los mediadores en competencias  
cognitivas y emocionales.  
Para desarrollar estos propósitos, el presente artículo sigue el siguiente esquema: en  
primer lugar, se establece el marco teórico que sustenta la investigación, aborda el  
fundamento principal de la mediación, la voluntad; historia, fundamentos y técnicas de  
la programación neurolingüística, de la misma manera las afectaciones volitivas y  
cognitivas en dicho contexto. Seguidamente, se detalla la metodología de investigación  
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Recepción: 16/09/2025  
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empleada, de carácter teórico-analítico. A continuación, en la sección de análisis y  
discusión, se examinan las técnicas de PNL con potencial aplicativo en la mediación, su  
posible correlación con los indicadores de las afectaciones estudiadas, y se delibera  
sobre su integración práctica y las consideraciones éticas inherentes. Finalmente, se  
exponen los resultados esperados y las conclusiones derivadas del estudio, junto con  
las limitaciones identificadas y las posibles líneas de investigación futuras en esta área.  
Metodología  
Esta investigación se desarrolla bajo un enfoque cualitativo, de tipo exploratorio y  
analítico, orientado a examinar la influencia positiva de la formación de los mediadores  
en técnicas de programación neurolingüística (PNL) en la identificación de afectaciones  
volitivas y cognitivas durante los procesos de mediación. Se parte del supuesto de que  
la PNL, al enfocarse en el lenguaje, las percepciones y los patrones de comunicación  
de las partes, ofrece herramientas prácticas que permiten al mediador detectar  
limitaciones en la voluntad o en la capacidad de comprensión que podrían afectar la  
validez de los acuerdos alcanzados.  
Complementariamente, se realizará un análisis documental y normativo que incluye la  
revisión de literatura científica, estudios de caso hipotéticos y el marco legal ecuatoriano  
en materia de mediación. Este proceso permitirá contrastar la teoría de la PNL con  
escenarios simulados de mediación, al identificar patrones de conducta relevantes y  
proponer estrategias aplicables para fortalecer la práctica mediadora. De esta manera,  
se busca generar aportes académicos y prácticos que respalden la formación de  
mediadores en programación neurolingüística.  
Resultados  
Análisis de casos en función de la Programación Neurolingüística  
Con el fin de trasladar los conceptos de la Programación Neurolingüística (PNL) del  
plano teórico al práctico, este apartado presenta el análisis de dos casos hipotéticos.  
Dichos escenarios, inspirados en situaciones recurrentes en los centros de mediación,  
permiten evidenciar cómo la PNL funciona como un mecanismo de detección temprana  
de afectaciones cognitivas y volitivas, así como una herramienta de garantía para la  
validez procesal de los acuerdos.  
Caso Hipotético A: Mediación por alimentos  
En una audiencia de mediación para fijar una pensión alimenticia, el progenitor propone  
una pensión alimenticia por debajo de lo que corresponde conforme a sus ingresos y a  
la tabla de pensiones vigente, justificando su oferta en su supuesta situación económica  
informal. La madre, quien inicialmente había solicitado una cantidad mayor respaldada  
por la existencia de bienes y negocios del alimentante, acepta de manera inmediata la  
propuesta sin realizar observaciones.  
Durante la sesión, el mediador aplica técnicas de calibración y observa que la madre  
evita el contacto visual con el padre, mantiene la cabeza inclinada hacia abajo, emplea  
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Recepción: 16/09/2025  
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Artículo original  
una voz tenue y responde con monosílabos. A través del metamodelo del lenguaje, se  
identifican omisiones y distorsiones en sus respuestas, tales como: “mejor que quede  
así para que no se enoje” o “yo solo quiero terminar esto sin represalias”. Asimismo,  
pese a los intentos del mediador por generar rapport, la participante se muestra  
desconectada emocionalmente, lo que evidencia una ruptura en la sintonía  
comunicativa. El mediador se enfrenta a un posible vicio del consentimiento por fuerza  
(Art. 1472 C.C.), donde la presión psicológica anula la voluntad. La PNL actúa como un  
sistema de alerta temprana y verificación.  
Ante esta situación, el mediador concluye que no es posible validar un acuerdo en tales  
condiciones. Las señales detectadas mediante la PNL sugieren la existencia de  
afectaciones volitivas vinculadas al miedo y la ansiedad, probablemente derivadas de  
antecedentes de violencia psicológica, económica o incluso física. Dichos factores  
comprometen la autonomía de la voluntad de la madre, razón por la cual el mediador  
debe intervenir garantizando que el acuerdo se construya en condiciones de equidad y  
sin coacción.  
Caso Hipotético B: Mediación por cobro de dinero  
En un proceso de mediación por cobro de deuda derivada de una letra de cambio, un  
adulto mayor comparece sin asesoría legal y manifiesta su disposición a aceptar los  
términos propuestos por la parte acreedora, mostrando voluntad de suscribir el acuerdo.  
Sin embargo, mediante la aplicación de técnicas de calibración y del metamodelo del  
lenguaje, el mediador advierte que el compareciente presenta dificultades cognitivas:  
confunde fechas, repite expresiones sin comprenderlas, responde con frases como “sí,  
eso mismo” sin un sustento claro y, al intentar explicar con sus propias palabras el  
contenido del acuerdo, mezcla información irrelevante e incurre en contradicciones  
entre su lenguaje verbal y no verbal.  
Aunque el adulto mayor expresa disposición para firmar, es evidente que no comprende  
en su totalidad el alcance de sus obligaciones ni las consecuencias jurídicas del  
acuerdo. En este escenario, corresponde al mediador reformular el contenido, explicarlo  
en términos accesibles y verificar la comprensión real de ambas partes. En caso de  
persistir la falta de entendimiento, la actuación más prudente consiste en suspender la  
audiencia y programar una nueva sesión, evitando la consolidación de un acuerdo  
viciado por afectaciones cognitivas.  
Los casos expuestos demuestran que la PNL, aplicada en el marco de la mediación, no  
debe entenderse como un instrumento de manipulación, sino como una técnica de  
clarificación, verificación y facilitación comunicacional. Su utilidad radica en la  
posibilidad de detectar condiciones emocionales o cognitivas que puedan afectar la  
validez del consentimiento y, con ello, garantizar que los acuerdos sean fruto de una  
voluntad libre, consciente y jurídicamente válida.  
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Esquematización de la Programación Neurolingüística en los procesos de mediación  
La programación neurolingüística no solo ofrece técnicas aisladas para mejorar la  
comunicación, sino que puede ser estructurada dentro de un proceso de mediación  
como un conjunto de pasos metodológicos que fortalecen la identificación de intereses,  
emociones y estados internos de las partes. De esta forma, la PNL se convierte en una  
herramienta operativa y preventiva, permitiendo al mediador reconocer tempranamente  
posibles afectaciones cognitivas o volitivas que comprometan la validez del acuerdo.  
La esquematización puede representarse en cuatro momentos dentro de la mediación:  
1) Preparación y apertura de la mediación  
El mediador debe iniciar usando el Rapport con el fin de lograr establecer un clima de  
confianza mediante técnicas de calibración (observar respiración, tono de voz, postura).  
Esto permite identificar señales de ansiedad, estrés, resistencia, confusión o disociación.  
Seguidamente, se determina la predominancia sensorial, el mediador detecta si la  
persona se expresa desde un canal visual, auditivo o kinestésico, lo que facilita adaptar  
el lenguaje de manera que la parte se sienta comprendida.  
Es esencial lograr un anclaje positivo haciendo uso de metáforas, frases de validación o  
ejercicios de respiración breve para reducir tensiones emocionales antes de iniciar el  
diálogo. Asociar un estímulo a un estado interno genera en las partes la disponibilidad o  
no de llegar a un acuerdo. (Selva, 2001, pp. 24-25)  
2) Exploración de intereses y posiciones  
Indagar el núcleo del conflicto es lo más importante, la herramienta idónea para  
ello son las preguntas del metamodelo del lenguaje, el mediador utiliza preguntas  
de precisión para aclarar generalizaciones, omisiones o distorsiones en el  
discurso, revelando con mayor claridad el problema, los intereses y las  
necesidades reales de las partes.  
En este punto detectar incongruencias será el objetivo, si el lenguaje verbal  
indica disposición, pero la comunicación no verbal (mirada evasiva, gestos  
tensos, tartamudeos) refleja resistencia, el mediador interviene para confirmar  
comprensión y validar emociones.  
3) Identificación de afectaciones volitivas o cognitivas  
Las afectaciones volitivas se detectan cuando la persona manifiesta indecisión  
extrema, dependencia emocional o presión externa. La PNL ayuda a identificar  
patrones de lenguaje que denotan falta de autodeterminación.  
Las afectaciones cognitivas son evidentes cuando hay dificultades para  
comprender conceptos básicos del acuerdo, confusión sobre consecuencias o  
incoherencias reiteradas en el relato. El mediador debe reformular y  
retroalimentar para comprobar entendimiento.  
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4) Construcción y validación del acuerdo  
Redacción de acuerdos en términos claros, específicos y alcanzables, evitando  
ambigüedades.  
Verificación de que el acuerdo no contradiga valores, principios o capacidades  
reales de las partes, evitando compromisos inviables.  
Cierre con recordatorio positivo, reforzando en las partes la percepción de que el  
acuerdo es producto de su propio esfuerzo y decisión.  
La voluntad como elemento determinante en los procesos de mediación  
La voluntad constituye el eje esencial de todo proceso de mediación, ya que sin ella no  
puede existir un verdadero acuerdo que goce de legitimidad ni eficacia jurídica, el  
Diccionario Ruy Díaz de Ciencias Jurídicas y Sociales define a la voluntad como la  
facultad que ejerce una persona en relación con la posibilidad de optar por diversos  
caminos de acción y actuar según la elección formulada, dichos caminos dan la opción  
de actuar como abstenerse de hacerlo (Rembolá & Reboiras, 2006). A diferencia de los  
procesos jurisdiccionales, donde la decisión se impone de manera coactiva, la  
mediación requiere que las partes deseen libremente someterse al procedimiento y que  
los acuerdos se construyan con base en la autonomía de la voluntad, principio que no  
se concreta únicamente a elaborar, cambiar o terminar un acuerdo, sino también de  
definir todas sus reglas y condiciones internas, como los derechos y obligaciones de  
cada parte (Hernández & Guerra, 2012).  
Desde el punto de vista jurídico, el principio de la voluntariedad está reconocido en la  
Ley de Arbitraje y Mediación de Ecuador (2006), en su artículo 43 establece que la  
participación en la mediación es enteramente libre, pudiendo las partes retirarse del  
proceso en cualquier momento, Steele y Calle (2023) enfatizan en la importancia de la  
voluntariedad en todo el proceso, es claro que sin ese principio no puede iniciar un  
proceso de mediación, pero también por la misma voluntariedad si consideran que no  
se están respetando sus intereses o que la dinámica no resulta adecuada pueden  
abandonar el proceso.  
Sin embargo, esta concepción jurídica se complementa con una perspectiva psicológica  
y comunicacional: la voluntad no es solo un acto de manifestación, sino también un  
estado interno afectado por emociones, motivaciones y contextos personales. En este  
sentido, la programación neurolingüística (PNL) ofrece herramientas para identificar si la  
voluntad de las partes es auténtica o viciada.  
Por ejemplo, un mediador entrenado en PNL puede observar microexpresiones faciales,  
incongruencias entre el lenguaje verbal y no verbal, patrones de evasión en el discurso  
o un lenguaje corporal cerrado, lo que puede evidenciar que la parte ha manifestado su  
voluntad por presión externa y no desde una decisión consciente. De igual manera,  
técnicas como la calibración y el rapport permiten al mediador evaluar si la disposición  
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de la parte es genuina o si está condicionada por factores emocionales, cognitivos,  
económicos o incluso familiares.  
La voluntad se configura, por tanto, como el elemento determinante que da validez al  
acuerdo, pero también como un aspecto dinámico y vulnerable, susceptible de ser  
influenciado por estados emocionales o cognitivos transitorios. De ahí que el mediador,  
mediante la PNL, deba ser capaz de distinguir entre una voluntad libre y una voluntad  
afectada, garantizando la integridad del proceso.  
El consentimiento informado como pilar cognitivo de la validez en Mediación  
Si la voluntad es el motor del consentimiento, el conocimiento es el combustible que le  
permite funcionar de manera válida. Un acuerdo de mediación no solo debe ser  
libremente consensuado, es decir, de la voluntad de mediar, sino también plenamente  
comprendido cognitivamente. López (2022) menciona que para que exista voluntad  
debe existir conocimiento previo sobre aquello que se trata, ya que no se puede querer  
algo si previamente no se lo conoce primero. Tampoco se puede querer algo si es que  
no existe conciencia de lo que se conoce, es decir, de la realidad y verdad. Ambos  
elementos son indisociables para la formación de un consentimiento robusto y  
legalmente inexpugnable.  
Desde una perspectiva jurídica, este principio se relaciona con la validez del  
consentimiento, elemento indispensable en todo acuerdo que surja dentro de un  
proceso de mediación. Un consentimiento otorgado sin conocimiento suficiente o bajo  
un entendimiento deficiente carecería de legitimidad, pudiendo incluso equipararse a  
una causal de nulidad por vicios en la voluntad. Rembolá & Reboiras (2006) indican que  
para que sea considerado valido el consentimiento, este debe ser libre y voluntario; se  
presume siempre voluntario y libre, mientras no se pruebe haber sido dado por error,  
arrancado con violencia, o sacado por dolo, engaño o ardid.  
El concepto de consentimiento informado es una piedra angular en el derecho moderno  
y es directamente aplicable al proceso de mediación. No basta con que una parte  
exprese su asentimiento; es un requisito indispensable que dicho asentimiento se base  
en una comprensión clara y suficiente de lo que se está acordando.  
En el contexto de la mediación, el consentimiento informado implica que cada parte  
debe tener la capacidad de entender, como mínimo:  
La naturaleza y las reglas del propio proceso de mediación.  
Los hechos relevantes y los intereses de todas las partes involucradas.  
El alcance y las consecuencias a corto y largo plazo de cada una de las opciones  
que se proponen.  
Las implicaciones jurídicas del acta de acuerdo final, especialmente su carácter  
de sentencia ejecutoriada y cosa juzgada.  
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El mediador, si bien no es un asesor legal de las partes, tiene una responsabilidad  
indelegable como facilitador de la comunicación. Su función consiste en facilitar la  
comunicación entre las partes, con el fin de que estas logren un acuerdo mutuamente  
beneficioso, con vocación de permanencia y estabilidad. El mediador adquiere  
legitimidad para ejercer su rol en la medida en que las partes, de forma voluntaria, se la  
confieren (Corsón & Gutierrez, 2014). Esta función va más allá de simplemente  
transmitir mensajes; implica un deber de velar por la calidad de la comprensión. Cuando  
un mediador detecta que una parte puede no estar procesando la información ya sea  
por la complejidad del tema, por su estado emocional o por una limitación cognitiva,  
su neutralidad no le exige pasividad. Por el contrario, su rol le compele a utilizar  
lenguaje sencillo, ralentizar el ritmo del acuerdo, reestructurar el dialogo, verificar la  
comprensión y de ser el caso pedir la participación de expertos para un mayor  
entendimiento.  
En síntesis, el entendimiento no se limita al plano informativo, sino que también  
involucra factores emocionales y cognitivos que inciden en la capacidad de una persona  
para tomar decisiones válidas y sostenibles. De ahí que el mediador deba apoyarse en  
herramientas como la PNL para verificar y potenciar la comprensión real de las partes,  
garantizando con ello que el acuerdo no solo sea legalmente válido, sino también  
funcional y duradero.  
Efectos determinantes para la afectación en procesos de mediación: análisis de casos  
El análisis de los casos hipotéticos presentados en el numeral tres no solo ilustra la  
funcionalidad de las técnicas de la Programación Neurolingüística (PNL), sino que  
también revela los efectos jurídicos determinantes que una afectación volitiva o  
cognitiva puede tener sobre la validez del proceso de mediación. La intervención del  
mediador, guiada por estas herramientas, se demuestra como un acto necesario para la  
salvaguarda de la legalidad y la justicia del acuerdo.  
Análisis del efecto de las herramientas de la PNL en el caso A  
En este escenario, el efecto determinante es el vicio del consentimiento por fuerza,  
según lo contemplado en el artículo 1472 del Código Civil. Las respuestas de la madre  
("mejor que quede así para que no se enoje", "terminar esto sin represalias") son  
indicadores lingüísticos directos de la existencia de un temor que coarta su libertad de  
decisión. Esta fuerza no tiene que ser física y actual; la vis compulsiva o presión  
psicológica derivada de una historia de intimidación es suficiente para ser considerado  
un vicio del consentimiento.  
En un enfoque tradicional, el mediador ignoraría estas señales, se centraría únicamente  
en la manifestación verbal de la madre y procediera a validar el acuerdo,  
consecuentemente el acta de mediación resultante estaría viciada de nulidad relativa.  
Aquí radica el gran impacto. El mediador, aplicando la calibración, detecta la profunda  
incongruencia entre el "sí" verbal y el lenguaje corporal de sumisión. Utilizando el  
metamodelo, no se conforma con la aceptación, sino que indaga y estudia su lenguaje,  
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lo que le permite descubrir la causa real: el miedo. Al identificar estas señales, el  
mediador concluye que la voluntad está viciada.  
El efecto jurídico de la afectación volitiva, por tanto, es la creación de un acto  
legalmente impugnable. La intervención del mediador, alertado por las técnicas de PNL,  
previene este resultado. Su decisión de no validar el acuerdo no es una ruptura de la  
neutralidad, sino el cumplimiento de su deber como garante del principio de  
voluntariedad, pilar del sistema de mediación. La PNL funciona aquí como el  
instrumento que permite al mediador proteger la integridad del proceso frente a un vicio  
que, de otra manera, podría haber permanecido oculto.  
Análisis del efecto de las herramientas de la PNL en el caso B  
En el caso del adulto mayor, el efecto determinante es la ausencia de un  
consentimiento informado, lo que configura un vicio por error de hecho, conforme al Art.  
1471 del Código Civil, ya que el consentimiento recae sobre "la sustancia o calidad  
esencial del objeto sobre que versa el acto o contrato". Aunque el participante expresa  
su voluntad de firmar, su evidente falta de comprensión y confusión sobre el alcance de  
sus obligaciones invalida dicha manifestación. Su consentimiento recae sobre una  
concepción equivocada de la realidad jurídica del acto que está a punto de celebrar.  
El efecto jurídico de esta afectación cognitiva es, nuevamente, la potencial nulidad del  
acuerdo. Un acta firmada bajo estas condiciones no representa un acuerdo de  
voluntades real, sino una formalidad vacía de contenido consentido. La actuación del  
mediador, al utilizar el metamodelo para verificar la comprensión y al calibrar las  
señales de confusión, es crucial. Su decisión de suspender la audiencia para asegurar  
el entendimiento pleno es un acto de garantía procesal. Se previene la consolidación de  
un acuerdo injusto y legalmente frágil.  
En ambos casos, el efecto determinante de no atender las señales de afectación es el  
mismo: la generación de un acta de mediación nula, lo que contradice el propósito de la  
mediación de ofrecer seguridad jurídica y una solución definitiva al conflicto. El análisis  
demuestra que la aplicación de un modelo estructurado de percepción y comunicación,  
como el propuesto desde la PNL, es una herramienta clave para que el mediador pueda  
cumplir con su obligación de asegurar la validez y legitimidad de los acuerdos.  
Riesgos éticos y límites de la aplicación de la PNL  
La propuesta de integrar herramientas de PNL en la mediación no está exenta de  
riesgos éticos, siendo la principal preocupación el potencial de manipulación. La PNL, al  
ser un modelo de influencia comunicativa, podría ser mal utilizada por un mediador que  
rompa la neutralidad. Por tanto, es imperativo establecer los límites claros de lo que un  
mediador no debe hacer:  
a) No diagnosticar: El mediador no es un terapeuta ni un perito psicólogo. Las  
herramientas de PNL no se usan para diagnosticar un "trastorno" o una  
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procesos de mediación  
Jhuleidy Delia Alulima Guamán  
Edgar Santiago Morales Morales  
Volumen: 18  
Número: 1  
Año: 2026  
Recepción: 16/09/2025  
Aprobado: 01/12/2025  
Artículo original  
"patología". Su único fin es identificar señales de alerta que sugieran que el  
consentimiento jurídico podría estar viciado.  
b) No romper la neutralidad: El rapport y el acompasamiento deben usarse para  
crear un clima de confianza con todas las partes por igual. Es antiético usar estas  
técnicas para ganarse la confianza de una parte y usarla en perjuicio de la otra.  
c) No dirigir la decisión: El metamodelo y el reencuadre deben usarse solo para  
clarificar la información y verificar la comprensión. Nunca deben usarse para  
inducir a una parte a aceptar un acuerdo específico o para "hacerle cambiar de  
opinión" sobre sus intereses.  
d) No manipular estados internos: Técnicas como el "anclaje" pueden ser altamente  
manipuladoras. El mediador debe limitarse a observar los estados (calibración) y  
crear un espacio seguro (rapport), pero no intentar "cambiar" activamente el  
estado emocional de una parte para obtener un resultado.  
El uso ético de la PNL en mediación es pasivo y de verificación. El mediador la usa  
como un monitor de calidad del consentimiento, no como una herramienta de  
intervención psicológica.  
Discusión  
Origen y evolución de la Programación Neurolingüística  
Para analizar la aplicabilidad de la programación neurolingüística (PNL) en la  
mediación, es crucial definirla no como una teoría psicológica, sino como un modelo  
pragmático centrado en la estructura de la experiencia humana subjetiva. La  
programación neurolingüística (PNL) surgió en la década de 1970 como resultado del  
trabajo conjunto entre Richard Bandler, informático y psicoterapeuta, y John Grinder,  
lingüista; quienes analizaron patrones de comportamiento y comunicación de terapeutas  
exitosos como Virginia Satir, reconocida terapista familiar; Fritz Perls, fundador de la  
terapia Gestalt; y, Milton Erickson, psiquiatra de renombre a nivel mundial. Grinder y  
Bandler, plantean que todo proceso de cambio requiere tres fases esenciales: identificar  
el estado actual, incorporar recursos adecuados y alcanzar un estado deseado (Dilts &  
DeLozier, 2016). Su objetivo era decodificar la estructura de su pensamiento y  
comportamiento para que esas habilidades pudieran ser enseñadas y replicadas.  
La PNL funciona de manera interdisciplinaria, combina la psicología, la comunicación y  
la neurociencia con el fin de vislumbrar cómo la mente y el lenguaje se relacionan e  
influyen en los pensamientos, emociones y comportamientos (Ávila et al, 2024). Se  
fundamenta en tres componentes clave: "Neuro" hace referencia al sistema nervioso, a  
través del cual procesamos la experiencia mediante los sentidos. "Lingüística" alude al  
lenguaje (verbal y no verbal) como el medio por el cual ordenamos y comunicamos esa  
experiencia. "Programación" es la metáfora, tomada de la informática, que sugiere que  
nuestros patrones de pensamiento y comportamiento son "programas" que pueden ser  
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comprendidos y modificados para alcanzar los resultados deseados (García-Ojeda,  
2015).  
En sus inicios, la PNL fue concebida como una herramienta de desarrollo personal y  
mejora terapéutica, rápidamente se expandió durante la misma década de su  
surgimiento y a partir de 1980 fue sistematizándose en un conjunto de técnicas para el  
cambio personal, la comunicación y la persuasión aplicables a campos como las ventas,  
la educación y la gestión empresarial. Si bien existen críticas sobre la falta de validación  
empírica en algunos de sus postulados, la utilidad funcional de la PNL en contextos  
relacionales ha sido reconocida por su capacidad de potenciar la escucha activa,  
detectar incongruencias en el discurso y comprender la lógica interna del  
comportamiento comunicacional (Mejía, 2007; Fernández et al, 2025). Estas  
habilidades, de ser correctamente aplicadas en procesos como la mediación, pueden  
contribuir a que el profesional identifique posibles afectaciones en la voluntad o  
cognición de las partes, salvaguardando el consentimiento libre e informado  
En las últimas décadas, la PNL ha evolucionado hacia un enfoque más pragmático.  
Muchos de sus proponentes han dejado de lado las pretensiones de ser una ciencia  
exacta del cerebro para posicionarla como lo que fue en su origen, un modelo de  
comunicación y un conjunto de herramientas prácticas.  
Fundamentos de la Programación Neurolingüística para la práctica de la mediación  
La PNL ofrece al mediador un marco que le permite comprender cómo las partes  
construyen su realidad y su conflicto. Esto se basa en varios pilares conceptuales:  
1. El mapa no es el territorio  
Es la presuposición fundamental de la PNL. Diez (2021) menciona que la PNL se  
sustenta en tres pilares epistemológicos: los postulados constructivistas, sistémicos y  
computacionales, los cuales configuran su marco teórico y explicativo sobre el  
funcionamiento de la mente y la comunicación humana. Desde la perspectiva  
constructivista, se sostiene que la realidad no es una entidad objetiva e inmutable, sino  
una construcción subjetiva elaborada a partir de la interpretación individual del entorno.  
Esta premisa, sintetizada en la célebre expresión “el mapa no es el territorio”, implica  
que cada persona elabora su propio “mapa mental” de la realidad, el cual puede diferir  
significativamente del territorio real. En consecuencia, la percepción, el lenguaje y la  
experiencia sensorial median nuestra comprensión del mundo y condicionan nuestras  
decisiones, emociones y conductas. Los conflictos no surgen por el territorio (el hecho,  
el conflicto), sino por la diferencia entre los mapas de los involucrados. La PNL enseña  
que cada persona reacciona de acuerdo con el mapa que poseen, el cual debe ser  
respetado. La tarea del mediador no es cambiar el territorio, este seguirá siendo el  
mismo, sino ayudar a las pares a comprender el mapa del otro y flexibilizar el propio.  
Por su parte, los postulados sistémicos conciben a la mente y al cuerpo como partes  
interdependientes de un sistema cibernético autorregulado, donde toda modificación en  
un componente repercute en el otro. Bajo esta lógica, la PNL reconoce que los  
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procesos cognitivos, emocionales y fisiológicos no actúan de manera aislada, sino que  
se interrelacionan continuamente mediante circuitos de retroalimentación. Así, un  
pensamiento puede alterar el estado físico del individuo y, del mismo modo, una  
reacción corporal puede modificar su percepción y respuesta emocional.  
Finalmente, los postulados computacionales se basan en la analogía entre el  
funcionamiento de la mente humana y el de un ordenador. Desde este enfoque, la  
mente ejecuta “programas” o estrategias mentales estructuradas en secuencias lógicas  
de instrucciones lingüísticas y representaciones internas que determinan la manera en  
que las personas procesan la información y responden ante los estímulos externos. De  
este modo, cada individuo desarrolla patrones mentales específicos que pueden ser  
observados, analizados y, en algunos casos, reprogramados a través del lenguaje y la  
comunicación consciente.  
En el contexto de la mediación, estos postulados adquieren una relevancia particular, ya  
que permiten al mediador comprender que cada parte construye su propia versión del  
conflicto a partir de percepciones internas y estructuras mentales distintas. Reconocer  
que el discurso de los mediados refleja su “mapa” personal del conflicto posibilita  
interpretar con mayor precisión las distorsiones cognitivas, las emociones subyacentes  
y los bloqueos comunicacionales que pueden afectar su capacidad volitiva o cognitiva.  
Así, la PNL no se limita a describir cómo las personas piensan o se comunican, sino  
que ofrece un marco operativo para identificar patrones de conducta, lenguaje y  
pensamiento que condicionan el proceso de negociación y la calidad del consentimiento  
en la mediación.  
2. Las presuposiciones operativas  
La PNL se guía por un conjunto de presuposiciones que son directamente aplicables a  
la mediación:  
El significado de la comunicación es la respuesta que se obtiene. Si el mediador  
no logra que las partes se entiendan, debe cambiar su propia estrategia de  
comunicación (flexibilidad) en lugar de culpar a las partes.  
Toda conducta tiene una intención positiva. Detrás de un comportamiento  
conflictivo (un grito, una acusación), hay una intención positiva para esa persona  
(necesidad de ser escuchado, de protegerse, etc.). El mediador debe separar la  
conducta (negativa) de la intención (positiva).  
No existe el fracaso, solo la retroalimentación (feedback). Cada intento de  
acuerdo que no funciona no es un fracaso, sino información valiosa sobre lo que  
las partes realmente necesitan.  
Las personas tienen todos los recursos que necesitan. El mediador no "da" la  
solución; su rol es ayudar a las partes a acceder a sus propios recursos internos  
para crearla.  
3. La aplicación en los Medios Alternativos de Solución de Conflictos (MASC)  
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La PNL ofrece al mediador un conjunto de herramientas para potenciar la comunicación  
efectiva. Permite al facilitador observar cuándo una persona está operando desde una  
posición de supervivencia emocional, miedo, confusión o presión.  
Como se argumenta en esta investigación, aplicar la PNL no significa asumir un rol  
terapéutico, sino usar técnicas de observación y decodificación del lenguaje para un fin  
estrictamente jurídico: verificar la idoneidad de las condiciones de participación y la  
validez del consentimiento.  
Aplicación de la Programación Neurolingüística en los procesos de solución alternativa  
de conflictos  
La programación neurolingüística (PNL), al centrarse en los patrones de comunicación  
verbal y no verbal, encuentra un espacio natural de aplicación en los métodos  
alternativos de resolución de conflictos (MASC), como la negociación, la conciliación y,  
especialmente, la mediación, León y Calle (2024) resaltan la característica semejante  
que tienen todos estos medios de solución de conflictos y es que buscan una solución  
de paz. Los conflictos a menudo no residen solo en los hechos, sino en la manera en  
que las partes interpretan y se comunican sobre esos hechos. Los MASC requieren que  
las partes interactúen de forma consciente, clara y orientada a la solución, lo que  
implica también un manejo adecuado de sus emociones, percepciones y creencias. En  
este escenario, de acuerdo con Fernández et al (2025) la PNL ofrece herramientas  
valiosas para el análisis e interpretación de los mensajes que transmiten las partes,  
incluso más allá de lo expresado explícitamente, nos permite ser más lúcidos y  
responsables con lo que transmitimos a través de un mensaje, de igual manera, de  
cómo toma y entiende ese mensaje quien lo recepta.  
Uno de los principales aportes de la PNL en contextos de resolución de conflictos radica  
en la capacidad del mediador para alcanzar una comunicación efectiva. Morán (2025)  
señala que una comunicación efectiva está compuesta por una participación activa,  
escucha activa y retroalimentación. El mediador tiene la obligación de permitir que las  
partes participen activamente en igualdad de condiciones, brindar escucha activa no  
solo centrándose en el lenguaje verbal sino también inferir en el lenguaje no verbal,  
además de brindar feedback teniendo cuidado de no llegar a influir en las decisiones.  
Algunas técnicas y herramientas de la PNL como la calibración (observación fina del  
lenguaje corporal y microexpresiones, “escuchar” con todos los sentidos), el rapport  
(generación de sintonía con la otra persona lo cual genera un ambiente de confianza  
ideal para mediar) y el metamodelo del lenguaje (identificación de omisiones,  
distorsiones y generalizaciones en el discurso, busca indagar en respuestas limitantes)  
(Fernández et al, 2025), permiten al mediador comprender mejor la experiencia  
subjetiva de cada parte y detectar posibles bloqueos, tensiones o incongruencias que  
afecten su participación plena.  
A continuación, detallamos cada una de las técnicas de PNL, claves para la  
identificación de afectaciones:  
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Calibración: Calibrar es el proceso de aprender a "leer" las respuestas no  
verbales de una persona. No se trata de "leer la mente", sino de detectar  
patrones y cambios en las microconductas que indican un estado interno. El  
mediador establece una "línea base" del comportamiento de la parte cuando  
habla de temas neutrales, y luego observa las incongruencias cuando se tocan  
temas conflictivos.  
Según López Mira (2015), el mediador debe calibrar: tono de voz, respiración,  
coloración de la piel, tensión muscular (indicado en "Posición del cuerpo"),  
movimientos oculares, finalmente, micro gestos como movimiento de labios,  
parpadeos, dilatación de pupilas, entre otros. La calibración es la principal  
herramienta para detectar una posible afectación volitiva (miedo, intimidación) o  
cognitiva (confusión, disociación).  
Rapport (Sintonía y Acompasamiento): El rapport es la creación de un ambiente  
de sintonía psicológica y confianza. La PNL sostiene que no es algo que  
"sucede", sino algo que el mediador "construye" activamente mediante el  
acompamiento (pacing).  
Acompasar es reflejar sutilmente el lenguaje de la otra persona para crear una  
sensación de entendimiento. El mediador puede acompasar: Fisiología (Postura  
corporal, gestos, respiración), Voz (Tono, velocidad y volumen) y lenguaje (Usar  
las mismas palabras clave o "predicados" que usa la parte).  
En mediación, el rapport es esencial para las sesiones privadas (caucus).  
Permite al mediador crear un espacio seguro donde la parte con una voluntad  
afectada (por miedo, como en el Caso A) pueda expresarse con sinceridad.  
Sistemas Representacionales (V.A.K.): La PNL postula que procesamos la  
información a través de tres sistemas representacionales principales: Visual (V),  
Auditivo (A) y Kinestésico (K) (sensaciones, emociones, tacto). Cada persona  
tiene un sistema preferido para comunicarse y entender el mundo.  
Una persona Visual ve el problema. Usa predicados como: "No veo la solución",  
"Quiero un futuro brillante", "Necesito perspectiva".  
Una persona Auditiva oye el conflicto. Usa predicados como: "Me suena bien",  
"No escucho una oferta real", "Necesito armonía".  
Una persona Kinestésica siente el conflicto. Usa predicados como: "Es una carga  
pesada", "No me siento cómodo", "Quiero romper el hielo".  
El mediador debe identificar el canal preferido de cada parte y adaptar su propio  
lenguaje para ser entendido. Un desajuste (un mediador visual explicándole un  
acuerdo a una parte kinestésica) puede ser una fuente de afectación cognitiva  
(confusión), como se verá en el Caso B.  
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El Metamodelo del Lenguaje: Esta es la herramienta más poderosa para  
identificar afectaciones cognitivas. El metamodelo es un conjunto de preguntas  
de precisión diseñadas para recuperar la información perdida en el lenguaje. El  
lenguaje pasa de una "estructura profunda" (la experiencia completa) a una  
"estructura superficial" (lo que se dice), y en ese proceso se omite, distorsiona y  
generaliza.  
La tarea del mediador es usar "metapreguntas" para desafiar estas violaciones y  
verificar la comprensión.  
La PNL permite al facilitador observar cuándo una persona está operando desde una  
posición de supervivencia emocional, miedo, confusión o presión, lo cual puede  
manifestarse en cambios bruscos en su fisiología, contradicciones entre el lenguaje  
verbal y no verbal, o respuestas automáticas que denotan desconexión con el proceso.  
Estas señales pueden ser indicativas de afectaciones temporales en la capacidad de  
decidir o en la comprensión de lo que se está pactando, elementos que desde la  
perspectiva jurídica comprometen la validez del consentimiento.  
Algunos autores como Bastante (2024) han realizado investigaciones recientes sobre la  
aplicación de la PNL en mediación, se enfocan en usar las distintas herramientas que  
ofrece de manera práctica. Desde el enfoque pragmático, aplicar principios de PNL en  
la mediación no significa que el mediador asuma un rol terapéutico ni que diagnostique  
patologías mentales, sino que utilice técnicas de observación y decodificación del  
lenguaje para verificar la idoneidad de las condiciones de participación. Esto se traduce  
en una práctica preventiva que protege los derechos de las partes, en especial de  
aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad emocional o psicológica,  
sin comprometer la neutralidad del proceso.  
A la par, la PNL contribuye a mejorar la calidad de la intervención del propio mediador,  
al fortalecer su capacidad de autorregulación emocional, clarificar su lenguaje y facilitar  
la generación de acuerdos desde estructuras comunicativas positivas y orientadas a  
soluciones. De esta forma, se plantea que la programación neurolingüística puede  
integrarse de manera funcional en los MASC como una herramienta auxiliar que, sin  
sustituir la función jurídica, la complementa con una visión más completa del  
comportamiento humano.  
Conclusiones  
La presente investigación partió de la problemática central que enfrentan los  
mediadores, la dificultad para detectar afectaciones volitivas o cognitivas sutiles que  
pueden invalidar un acuerdo de mediación, el cual posee la fuerza de una sentencia  
ejecutoriada. Para abordar este desafío, se empleó una metodología cualitativa, de  
enfoque exploratorio y analítico, que, mediante una revisión documental y normativa,  
examinó la viabilidad de aplicar técnicas de la Programación Neurolingüística (PNL)  
como un modelo de agudeza perceptiva al servicio del mediador, contrastando su  
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funcionalidad a través del estudio de casos hipotéticos anclados en el marco legal  
ecuatoriano.  
Se analizó la aplicabilidad y utilidad de las técnicas de la PNL, concluyendo que,  
utilizadas como un modelo de comunicación, constituyen herramientas  
complementarias de gran valor. De este modo, la PNL se perfila como un instrumento  
pragmático que faculta al mediador para cumplir de manera más robusta con su deber  
de garantizar que las decisiones sean conscientes, libres e informadas.  
Se identificaron y describieron las técnicas específicas de la PNL con mayor relevancia  
para el contexto de la mediación. Entre ellas destacan: la calibración o agudeza  
sensorial, para detectar incongruencias entre el lenguaje verbal y no verbal; el rapport,  
como método para construir un clima de confianza y seguridad; el metamodelo del  
lenguaje, como herramienta de precisión para clarificar la información y verificar la  
comprensión; y el reencuadre, para transformar las percepciones limitantes y facilitar la  
búsqueda de soluciones. Este conjunto de técnicas conforma una caja de herramientas  
coherente para el análisis de la comunicación en el conflicto.  
Se estableció una correlación teórica clara entre los indicadores observables a través  
de la PNL y las posibles afectaciones jurídicamente relevantes. Se determinó que las  
incongruencias fisiológicas y el lenguaje de obligación se correlacionan directamente  
con una potencial afectación volitiva, asimilable al vicio del consentimiento por fuerza.  
Asimismo, se constató que la incapacidad de una parte para responder a preguntas de  
especificidad del metamodelo o para seguir la lógica de la conversación es un fuerte  
indicador de una afectación cognitiva, vinculada al vicio del consentimiento por error, al  
no existir un consentimiento informado.  
Se analizó cómo la integración de estas herramientas contribuye a una detección más  
sensible de las afectaciones, concluyendo que su uso ético y responsable transforma el  
rol del mediador de un facilitador pasivo a un garante activo de la validez del proceso.  
La aplicación efectiva de este modelo exige una formación rigurosa y una  
autoconciencia constante por parte del mediador, asegurando que su intervención  
siempre esté subordinada a los principios de voluntariedad, confidencialidad y  
neutralidad que rigen la mediación.  
Finalmente, es importante considerar que la formación en programación  
neurolingüística en los mediadores es primordial, incorporar esta como una materia  
dentro de los diversos programas de mediación, capacitaciones o similares refuerza la  
confianza en la mediación, como medio idóneo para la resolución de conflictos.  
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Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de intereses.  
Contribución de los autores: Los autores participaron en la búsqueda y análisis de la información para el artículo, así  
como en su diseño y redacción.  
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