Martín Morúa Delgado y su capital político: necesidad de su estudio en las investigaciones
históricas
Yoel Rodríguez Ochoa
Perla Yanet Quintana Pérez
Volumen: 18
Número: 1
Año: 2026
Recepción: 29/06/2025
Aprobado: 17/09/2025
Artículo de revisión
República, y la diferencia se establece no así como quiera, sino nacional, con la
constitución de un partido político que no admite á determinados ciudadanos, por razón
de su color o de su raza. Y yo tengo de los partidos políticos una idea tan grande, que
creo que son realmente el súmmum de la civilización, de los productos que l civilización
actual nos ha dado, para mí, lo más grande de todo lo que compone una sociedad, es un
Partido político. (Archivo Nacional de Cuba. Fondo Congreso de la República.
Expediente 42582. Legajo 943. Folio 15).
La democracia racial que defendía Morúa Delgado se sustentaba en los principios del
liberalismo. Su confianza en la creación y despliegue pleno de un partido político, en el
que los ciudadanos libres tuviesen el derecho de adherirse por diversas motivaciones
era una condición indispensable para el funcionamiento de una sociedad moderna en la
que se respetara el estado de derecho y las libertades individuales. En su intervención
replicando al señor Laguardia, continuaría diciendo Morúa Delgado:
Cada vez que hombres libres, conscientes de sus derechos, se reúnen y disponen de
todas sus facultades y de sus derechos todos en conjunto y le dan esa representación á
un individuo, y ese individuo los representa en todo, los defiende en todo, y no reclaman
en sí, sino que dejan que sea su Jefe quien lo haga todo, considero que se ha llegado
á tener una confianza grande no solo en el derecho que se posee, sino en aquél en
quien se deposita y en el fruto que vá a recogerse; todo ello difundido en la sociedad.
En el partido político se discute todo, se determina todo, se buscan todas sus reformas,
todos los mejoramientos; es el partido político o por lo menos, tiene el propósito de ser, -
el árbitro de la sociedad, el que la levanta, y debemos creer siempre que la levanta,
porque ningún partido se crea para deprimir, para hacer descender á una sociedad, pues
todos hacen por levantarla. (Archivo Nacional de Cuba. Fondo Congreso de la
República. Expediente 42582. Legajo 943. Folio 15).
Los demás juicios emitidos en contra, serían del mismo tenor de los anteriormente
reseñados. Morúa replicaría con el argumento de que él se oponía a cualquier grupo
político racialmente exclusivo, pues los cubanos no debían separarse según su raza.
Además, vaticinó que “una organización política integrada por negros podría
automáticamente generar su opuesto, una organización compuesta solo por blancos, y
que este precisamente era el conflicto que el proyecto de ley intentaba prevenir” (De la
Fuente, 2000, p. 112).
Es el criterio de este autor que Morúa tuvo que estar consciente de que, con su acción,
sustraería capital político al liberalismo en general y a su figura en particular, entre el
electorado de color y su liderazgo (notoriamente, Juan Gualberto Gómez), lo que
excluye que se tratara de una maniobra oportunista proclive a explotar una coyuntura
política favorable, ya fuese de su propia cosecha o en colusión con el líder liberal,
general José Miguel Gómez. El autor ha razonado, asimismo, que la explicación se
encuentra en la propia obra vital de Morúa: la admisión de un partido étnico (con tanta
más razón, los que le sucederían) conduciría a erigir una barrera más en el camino de
la integración nacional, un ideal traducido por Morúa como el bien supremo para la
consolidación del estado-nación cubano.
Página 220