La tradición electivista cubana en busca de una comprensión cósmica de la realidad
Mario Luis Marrero Caballero
Carlos Máximo Leyva Zaldívar
Enrique Antonio Lalana Torres
Volumen: 18
Recepción: 14/04/2025
Número: 1
Año: 2026
Aprobado: 17/09/2025
Artículo de revisión
El aporte del electivismo de Luz y Caballero se afirma en su significativa labor
educativa. En el colegio el Salvador9, según el propio Sanguily, “no se enseñaba
doctrina alguna. Se refiere a la atmósfera de libertad que se percibía, de intercambio de
ideas” (Luz, 2006, p.52). La reforma educativa propuesta por Caballero se vio superada
tanto de manera intelectual como en la actitud cotidiana, con el padre Varela. Varela se
ocupa de la educación de los jóvenes para la libertad. Asume la necesidad de la virtud
para la existencia de la patria. Ahora Luz estudia y aplica el método explicativo que
aprendió en Europa. Pero en El Salvador, cada vez es más dialógico. Escucha y
favorece un clima de fraternidad. Algunos entre sus alumnos marcharon a la manigua.
Se propone aquí la idea de Luz como precursor del electivismo estético10 de Martí. En
el aforismo 74 dice: “El genio filosófico presupone el germen artístico. Y el arte lanza a
destellos la más honda filosofía” (Luz, 2006, p.122). Pero no se conforma con relacionar
la filosofía con la belleza en el arte. También afirma: “… por eso para ser filósofo, es tan
necesario ser poeta como matemático, y religioso como analizador; tan amante de la
naturaleza como de los libros y, sobre todo, amar a Dios sobre todas las cosas, y a tu
prójimo más que a ti mismo” (p. 154). Aquí, como en el padre Varela, está presente esa
visión cósmica de nuestra realidad. O de la realidad sin acotaciones porque ambos son
ciudadanos del mundo. Viajaron y se constituyeron, el primero con las heridas del exilio,
Luz con esa extraordinaria pasión por el conocimiento todo.
El electivismo estético de José Martí parte también de una intención emancipadora.
Pero ya no se trata del electivismo que solo sirve en el ejercicio del pensamiento. En
Martí hay una actitud abarcadora, integradora que envuelve al pensamiento en un
ámbito estético. Aquí la Estética se considera más allá del estudio de sensaciones de
9
El Colegio El Salvador fue fundado por José de la Luz y Caballero el 27 de marzo de 1848 en La Habana. No era
un colegio común: un contemporáneo lo describió como "un templo donde se congregaban los fieles para oír la
palabra viva de un apóstol" y "un oasis en el desierto" colonial. Allí se respiraba libertad y democracia, algo insólito
en la Cuba de entonces. Luz y Caballero rompió con la enseñanza rutinaria de la época: partió de la idea de que el
niño piensa y tiene derecho a preguntar, e hizo del método experimental y la observación el centro del aprendizaje.
Además, puso su biblioteca personal a disposición de alumnos y profesores, e impartió clases de Filosofía, Alemán y
Latín a los más aventajados. El colegio cambió varias veces de sede —primero en el Cerro, luego en Teniente Rey, y
de regreso al Cerro— y llegó a tener 400 alumnos internos. Por sus aulas pasaron próceres de la independencia como
Ignacio Agramonte.
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El llamado "electivismo estético" de José Martí no es un término que él usara, sino una manera de leer su
pensamiento sobre el arte. Como todo lo suyo, Martí no se casó con ninguna escuela. Leyó a los románticos, a los
clásicos, a los trascendentalistas norteamericanos, a los simbolistas franceses, pero de todos tomó lo que le servía y
desechó lo demás. Una de sus ideas más repetidas es esa: "Se imita demasiado", "la salvación está en crear". Para él
el arte no puede ser copia. Ni copia de la naturaleza al pie de la letra —criticó a los naturalistas por eso—, ni copia
de modas europeas. El artista tiene que encontrar su propia voz, la que brota de su tierra y de su tiempo. Pero
cuidado: esa libertad no es un capricho. Martí le daba al arte una función muy clara. Escribió que el arte es "el modo
más corto de llegar al triunfo de la verdad". Y también que lo bello y lo bueno van juntos: "el aborrecimiento de la
fealdad" lleva al "aborrecimiento del crimen". En eso se parece a los griegos: verdad, bondad y belleza son una
misma cosa. Lo útil no se opone a lo bello, sino que lo bello es útil porque hace mejores a los hombres. En resumen:
el electivismo estético martiano es eso—elegir sin ataduras, pero con un propósito ético, y crear siempre desde lo
propio.
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