Aprendiendo a vivir la nueva normalidad. Una mirada desde la reflexión grupal
Gretell González Martínez
Yulién Estrada Rodríguez
Volumen: 14
Número: 4
Recepción: 12/10/2021 Aprobado: 10/03/2022
grandes valores en la vida, y que se define como “usar las propias fuentes de fortaleza
todos los días para producir la felicidad auténtica y la abundante satisfacción”(Roca,
2014, pp. 7-14).
De la psicología positiva se asume el concepto de resiliencia, que permite entender las
posibilidades que tienen las personas o grupos para seguir proyectándose en el futuro a
pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de
traumas a veces graves. Ser resiliente da la posibilidad de habiendo vivido una
situación traumática, conseguir encararla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso,
en un nivel espiritualmente superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera
desarrollado recursos latentes e insospechados. Todos podemos desarrollar resiliencia
a lo largo de la vida, facilitar la adaptación activa y lograr crecimiento personal.
El término resiliencia se refiere al concepto de la Física que asumió la Psicología para
“caracterizar a las personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo,
se desarrollaban psicológicamente sanos y exitosos” (Rutter, 1993, citado en
Kotliarenco y otros, 1997). La resiliencia puede ser comprendida y analizada en
cualquier sistema: individuo, grupos, e incluso sociedad. La resiliencia puede ser vista
como proceso, Walsh (1966, citado en Souza y Cerveny, 2006, pp. 115-122) la define
como proceso cuando permite la “superación de desafíos, y trae como resultado el
crecimiento y la transformación”. Novales (2016) plantea que entre las características
personológicas que constituyen pilares de la resiliencia, se encuentran: la introspección,
la independencia, la capacidad de relacionarse, la iniciativa, el humor, la creatividad y la
moralidad.
Cuando se habla de ser positivos, se abordan otras habilidades sociales, como la
empatía y el optimismo. La empatía permite compartir el mundo, aprender a leer los
indicadores sociales, las intenciones de los demás, sus inquietudes y temores, sus
mensajes como reconoce García Vega (2003, citado en Roca, 2014). El optimismo, a su
vez mantiene una fuerte expectativa de que las cosas irán bien a pesar de los
contratiempos y de las frustraciones, posibilita encontrar el lado bueno, sin caer en la
apatía la desesperación o la depresión frente a las adversidades. Todos estos recursos
ayudan a las personas a tener fortaleza, a seguir adelante cuando las situaciones
parecen muy difíciles; contribuyen a fomentar la perseverancia, a lidiar con lo adverso,
con lo que parece imposible de sobrellevar.
Se plantean el problema de: ¿cómo contribuir desde la orientación y la preparación
psicológica a reconocer y consolidar actitudes positivas? Para dar respuesta al problema
se diseña una intervención en la modalidad de taller. El diseño e implementación el
taller, se apoya en los fundamentos del aprendizaje activo, la orientación y la psicología
positiva, con énfasis en el estudio de las fortalezas y las virtudes humanas.
Materiales y métodos
Se sigue un paradigma metodológico cualitativo, mediante el método de estudio de
caso. Se elige como caso un grupo de 25 profesores del Centro de Capacitación del
Turismo, Formatur Camagüey. Estos docentes tienen la misión de habilitar a
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