La Opuntia forma parte del imaginario popular tunero, sobre ella se cuenta una leyenda relacionada con la toponimia y que, además, alude a la protección que brindan las plantas, contada por el historiador de la ciudad, y conocida como Las Tunas y los “malos ojos”, la cual surge con el hacendado criollo llamado Don Jesús Gamboa, quien tenía las mejores haciendas ganaderas de toda la región oriental.

En las fincas de Gamboa, crecía con abundancia la Opuntia, es decir la Tuna con espinas, la cual él obsequiaba a los ganaderos que iban a sus haciendas, no solo de Oriente, sino también de Camagüey y otras regiones del Occidente, su ganado era de fama, pero también era famosa la Tuna brava o con espinas, porque seguramente algún santero africano, había pronosticado que la planta era un protector de las casas de las fincas, contra los malos ojos, contra los maleficios y todo el que llegaba quería llevar para su patio una de aquellas maravillosas Opuntias que crecían en la comarca aborigen de Cueybá. Solían decir los ganaderos, voy para la hacienda de Las Tunas, que así se conocía la de Gamboa, o cuando alguien preguntaba dónde había comprado tan buen ganado, le respondía: En la hacienda de Las Tunas, o algún que otro negro africano o descendiente criollo le comentaba a su paisano, voy a la finca de Las Tunas, “pá buscar una matica que me proteja la casa de los malos ojos”. Y así fue quedando en el olvido el nombre originario de Cueybá para dar paso al de Las Tunas.

 

Esta leyenda, además del recuerdo popular sobre el origen del nombre de la ciudad, ha llevado a mantener la creencia de la protección que brinda esta planta, por lo que es muy frecuente ver la Opuntia en los jardines, en los techos de las casas y dentro de ellas; tradición y costumbre de esta parte de la geografía cubana. 

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